Opinión. Arango y su Ferrari azul

17 febrero 2009 | Por Redacción | Categoria:

Domingo. Gran día, mejor sol. Decido pasear con mi perra por el paseo Marítimo.

Tras aparcar frente al mar y, mientras saco a ´Lila´ del maletero, un destello me deslumbra. No es para menos. Me giro y veo, exultante, el Ferrari azul de Juan Fernando Arango. Y detrás, un no menos impresionante Infinity, el familiar de lujo de Nissan, con un cartel y un móvil adosado en sus cristales traseros: se vende. El Ferrari, no, claro. Normal.
Mientras doy los primeros pasos camino del paseo junto al mar y los yates, los dos vehículos aparcan, en doble fila, como no, en el arcén medio ajardinado. Y de ellos desciende toda la familia Arango, que es multitudinaria. Dejan abiertas las puertas de sus coches, ponen música salsera, puro combo, sacan media docena de refrescos, tres bolsas de patatas fritas, dos de ganchitos y comienzan un pequeño picnic, la mar de simpático, posiblemente más venezolano que mallorquín, pero fiesta al fin, con los adultos haciendo saltar por los aires a los niños, que se parten de risa al son del reguetón.
Veo la escena y lo primero que me viene a la cabeza, a falta de pocas horas de que el Mallorca se juegue la vida en Los Pajaritos es: que bien, la familia Arango se siente feliz en Mallorca. Que bien, añado, el patrocinador de semejante despilfarro hará hoy un partidazo. Parece absurdo, sí, lo sé, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Es más, así sucede: Arango, el hombre que más gana en el Mallorca, el millonario por excelencia, vuelve a decepcionarme. Suyo es el centro del golazo de Aduriz, cierto, y suyo otro remate que pudo ser el segundo gol, pero nada en su juego, en su actitud, en su predisposición, en su supuesto y más que deseable liderazgo entre los rojillos, refleja la felicidad con la que su familia vive en Mallorca.
Pero la culpa es mía por suponer que un hombre y una familia que vive con esa marcha en tiempos de crisis dará el cien por cien de sí mismo sobre el campo. El equivocado soy yo. O el fútbol. Sí, mejor el fútbol. El Mallorca mejora, está mejor que hace un mes, desde luego, tanto a nivel institucional como presidencialista y técnico, pero sigue huérfano de un líder en el campo. Para que nos entendamos: necesitamos un Ferrari sobre el césped. A ser posible rojo, que es como deben ser los Ferrari. Pero nuestro hombre se ha comprado un Ferrari azul, es evidente que no podemos exigirle sangre.
Yo, usted, nosotros, que hemos visto cómo Arango se ponía el Mallorca sobre sus espaldas y lo sacaba a flote en muchos partidos, hemos de pedir, de rogar (ni más ni menos que lo que hizo Manzano la semana pasada en un entrenamiento) que el venezolano ponga más, mucho más, de su parte. Ponga el Ferrari, el Infinity y el calipso familiar al servicio del club que le paga. Solo con el mejor Arango es posible el milagro.
Y así lo pensaba el domingo al mediodía viendo volar a su hijo sobre el cielo palmesano. Alas es lo que necesita el Mallorca pero, al parecer, el capitán Arango se ha quedado sin plumas.

Informa: Deporte Balear //fuente: diariodemallorca.es

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